La Luna se está encogiendo. Y no es una ilusión óptica. Un nuevo estudio científico confirmó que nuestro satélite natural continúa reduciendo su tamaño mientras su interior se enfría, un proceso que ya está modificando su superficie.
Investigadores del Centro de Estudios de la Tierra y Planetarios del Museo Nacional del Aire y el Espacio identificaron 1,114 nuevas grietas en la superficie de la Luna, elevando el total a 2,634 formaciones detectadas. El hallazgo refuerza la evidencia de que la Luna sigue en contracción activa.
Desde 2010, los científicos saben que, al enfriarse su núcleo, la estructura interna lunar se comprime. Esa presión genera fracturas y crestas en la corteza, conocidas como escarpes lobulados. Sin embargo, ahora se descubrieron grietas en una zona distinta: los mares lunares, las grandes llanuras oscuras visibles desde la Tierra.
Estas nuevas estructuras, llamadas “pequeñas crestas de los mares”, son relativamente jóvenes en términos geológicos, con una antigüedad aproximada de 124 millones de años. Esto confirma que la Luna no es un cuerpo completamente inactivo, sino un mundo dinámico que sigue transformándose.
¿Por qué preocupa esto? Porque la contracción lunar podría estar relacionada con terremotos lunares superficiales. Y eso tiene implicaciones directas para las futuras misiones tripuladas.
La NASA planea regresar astronautas a la superficie con el programa Artemis, incluida la misión Artemis III prevista para 2028. Los científicos advierten que comprender mejor la actividad sísmica lunar será clave para garantizar la seguridad de infraestructuras y posibles asentamientos humanos a largo plazo.
