¿Por qué no conviene dar embutidos baratos a niñas y niños?

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Los embutidos suelen ser una opción práctica para preparar lonches, desayunos o cenas rápidas. Jamón, salchichas, mortadela y otros productos procesados están presentes en millones de hogares por su bajo costo y facilidad de consumo. Sin embargo, especialistas en nutrición recomiendan moderar especialmente el consumo de las versiones más económicas en niñas y niños.

Aunque pueden formar parte de una alimentación ocasional, algunos embutidos de bajo costo contienen ingredientes que, consumidos con frecuencia, podrían afectar la calidad de la dieta infantil.

Suelen contener más sodio

Uno de los principales problemas de muchos embutidos económicos es su elevado contenido de sal.

El exceso de sodio desde edades tempranas puede favorecer hábitos alimenticios poco saludables y aumentar el riesgo de presión arterial elevada en etapas posteriores de la vida.

Además, los niños suelen consumir sodio proveniente de otros alimentos procesados durante el día.

Pueden tener menos proteína y más rellenos

No todos los embutidos son iguales.

Las versiones más económicas suelen contener una menor proporción de carne y una mayor cantidad de féculas, harinas, grasas, agua y otros ingredientes utilizados para reducir costos de producción.

Esto significa que aportan menos proteína de calidad en comparación con productos de mejor composición nutricional.

Contienen conservadores y aditivos

Para prolongar su vida útil, muchos embutidos utilizan conservadores, colorantes y saborizantes.

Aunque estos ingredientes están regulados y autorizados para el consumo humano, diversos organismos internacionales recomiendan limitar el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados durante la infancia.

Por ello, los expertos sugieren privilegiar alimentos frescos siempre que sea posible.

Pueden desplazar alimentos más nutritivos

Cuando los embutidos se convierten en un alimento cotidiano, pueden reemplazar opciones con mayor valor nutricional.

Pollo, pescado, huevo, queso fresco, frijoles o lentejas suelen aportar proteínas, vitaminas y minerales de mejor calidad para el crecimiento y desarrollo infantil.

Por esta razón, los especialistas recomiendan ofrecer una alimentación variada y equilibrada.

¿Significa que nunca deben comer embutidos?

No necesariamente.

El consumo ocasional de jamón o salchichas no representa un problema para la mayoría de los niños sanos. La clave está en la frecuencia, la cantidad y la calidad del producto elegido.

Siempre que sea posible, se recomienda revisar las etiquetas, elegir opciones con mayor contenido de carne y menor cantidad de sodio, así como acompañarlas con frutas, verduras y otros alimentos frescos.

La mejor estrategia para la salud infantil sigue siendo una dieta basada principalmente en alimentos naturales y mínimamente procesados.

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