No fue un comentario al paso ni una frase improvisada para la nota. El regaño público de la Presidenta Claudia Sheinbaum a diputadas y diputados en Baja California fue un mensaje político deliberado, con destinatarios claros y efectos que rebasan por mucho ese acto en particular.
El llamado fue directo: no abandonar el territorio, no vivir de la curul, del escritorio ni del reflector. Trabajar cerca de la gente, caminar, escuchar, resolver. En otras palabras: recordar de dónde viene el poder y a quién se le debe.
En un movimiento como Morena, que se construyó desde abajo y que convirtió la cercanía con el pueblo en su principal activo político, el riesgo de desconexión no es menor. El ejercicio del poder, el cargo, la agenda institucional y la dinámica parlamentaria suelen crear una burbuja. Y la Presidenta decidió pincharla, sin rodeos.
El mensaje no fue solo para legisladores federales o locales. El regaño se extendió, de facto, a gobernadores y gobernadoras que, en algunos casos, comienzan a confundir la investidura con distancia, y el respaldo popular con cheque en blanco. Sheinbaum fue clara: no hay que marearse con el cargo.
La frase que sintetiza la advertencia —“con el pueblo todo, sin el pueblo nada”— no es retórica. Es una línea política. Significa que no hay proyecto, ni reforma, ni elección que se sostenga si se rompe el vínculo cotidiano con la gente. Y significa, también, que el poder no se administra desde el aire acondicionado ni desde la agenda de eventos, sino desde la calle.
Este episodio marca un rasgo distintivo del liderazgo de Claudia Sheinbaum: no gobierna solo hacia afuera, también gobierna hacia adentro. Ordena, corrige y fija prioridades dentro de su propio movimiento. No hay complacencia automática ni indulgencia por jerarquía.
Para diputadas y diputados, el mensaje es incómodo pero necesario: la legitimidad no se renueva con discursos ni con likes, sino con presencia real en los distritos. Para gobernadores y gobernadoras, la advertencia es aún más seria: el respaldo presidencial implica corresponsabilidad política y disciplina con el proyecto.
En el fondo, el regaño revela algo más profundo: Sheinbaum entiende que el principal riesgo de los gobiernos transformadores no es la oposición, sino el alejamiento del territorio. Cuando eso ocurre, el poder se oxida y el proyecto pierde alma.
